Síntomas comunes de la enfermedad de Lyme

La enfermedad de Lyme también es conocida como Borreliosis Canina. Se trata de una enfermedad que es producida por una bacteria y transmitida por las garrapatas del género Ixodes que puede provocar en nuestras mascotas (sobre todo en perros) severos problemas de salud.

Diagnosticada por primera vez en España en 1992, la enfermedad de Lyme presenta un cuadro clínico asociado principalmente con la artritis, la carditis, la deformación de las articulaciones, la nefritis, la fiebre o la insuficiencia renal entre otros. A pesar de todos estos síntomas, se trata de una afección que, diagnosticada con el margen suficiente y bajo las indicaciones de los profesionales veterinarios, se puede superar con relativa facilidad.

Principales focos de contagio de la enfermedad

La garrapata causante del contagio de esta enfermedad abunda en zonas de hierba alta, matorrales, pantanos y bosques. Estas se instalan en nuestra mascota por contacto directo, agarrándose a la piel y buscando una zona caliente y húmeda donde instalarse y comenzar a alimentarse.

La enfermedad de Lyme puede llegar a transmitirse entre 24 y 48 horas después de haberse adherido la garrapata a la piel del animal. Por este motivo, será de vital importancia revisar de forma periódica y retirar si fuera necesario este tipo de inquilino no deseado de la piel de nuestras mascotas.

Recuerda que se trata de una zoonosis y que, por tanto, puede ser transmitida a personas. Ante cualquier síntoma, es importante que tanto tu animal como tú os pongáis en manos de profesionales de la salud.

Síntomas más comunes

Los síntomas derivados de la enfermedad de Lyme pueden aparecer algunas semanas o incluso meses después de que nuestra mascota la haya contraído. Entre los más comunes podemos encontrar:

  • Deformación e inflamación de las articulaciones (artritis).
  • Fiebre.
  • Falta de apetito y depresión.
  • Inflamación o irritación de la zona donde se ha producido la picadura.
  • Problemas renales que pueden derivar en nefritis, vómitos o diarrea.
  • Carditis.
  • Complicación en el sistema nervioso central.

Recuerda que, ante cualquier síntoma o anomalía en tu mascota, debes acudir a tu centro veterinario para que examinen al animal. Allí, te indicarán unas pautas y protocolo de actuación para que se recupere lo más pronto posible.

¿Cómo afrontar la enfermedad?

Si sospechamos que nuestro perro o mascota ha desarrollado alguno de los síntomas anteriormente mencionados, será importante acudir a nuestro veterinario a la mayor brevedad posible, explicando al detalle todo lo que hemos observado. Será fundamental mencionar posibles problemas de salud que pudieran agravar los síntomas de la enfermedad y no dudar en dar la máxima información posible con el objetivo de que las pruebas que se realicen sean lo más precisas posible.

Es importante recordar que se trata de una enfermedad que si se diagnostica con la suficiente antelación y se actúa con rapidez se minimizan los posibles riesgos y secuelas. En cambio, si se actúa con cierta tardanza y, además, existen precedentes de algún otro tipo de enfermedad en nuestra mascota, podrá suponer un mayor riesgo. Esto implica que podría llegar a afectar a zonas más vulnerables como el corazón, el sistema nervioso central o los riñones del animal de compañía.

Tratamiento habitual

Normalmente, se realizan tratamientos personalizados atendiendo a la parte del cuerpo que se ha visto afectada y en función de lo avanzada que se encuentre la enfermedad. Lo más común, será comenzar con un tratamiento a base de antibióticos y algún medicamento para el dolor (siempre recetados por nuestro veterinario) y procurando que nuestra mascota realice los mínimos esfuerzos posibles.

Para esta enfermedad, existen dos tipos de vacuna en el caso de los perros. Se deberá consultar al veterinario previamente para saber si alguna de ellas puede ser necesaria para nuestra mascota. Eso sí, siempre bajo el criterio e indicaciones del veterinario.

Gracias a este procedimiento, lo habitual será que a los pocos días la inflamación haya disminuido debido a los antibióticos. Aun así, por lo general, este proceso se tendrá que aplicar alrededor de un mes para poder asegurarnos de controlar totalmente la enfermedad. Las revisiones veterinarias y la prevención son la clave para el bienestar animal.

Métodos de prevención

Para minimizar el riesgo de que nuestra mascota pueda sufrir esta enfermedad, lo más recomendable es examinar su piel periódicamente en busca de parásitos de todo tipo (tanto internos como externos). De esta forma, reduciremos el riesgo de contagio tanto para el animal como para nosotros mismos. Intentar evitar zonas que sospechamos que pueden estar más infectadas de las garrapatas y cualquier otro insecto o parásito. Utilizar dentro del margen estipulado alguno de los antiparásitos recomendados, ayudará también a proteger a nuestra mascota y complicar a esta bacteria que pueda infectarlo.

Cuando tenemos una mascota por primera vez, debemos resolver todas nuestras dudas y dejarnos aconsejar por los profesionales. Ellos conocen los protocolos de actuación ante esta y cualquier otra enfermedad, así como las técnicas de prevención de estas. ¡Deja la salud de tu animal de compañía en manos del veterinario!

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